ENTRE LA DOCENCIA Y MI PROFESIÓN
Cuando se tiene once años de edad y vives en una comunidad rural donde no existe mayor visión que el trabajo del campo, y tu padre te dice que te vas a ir a estudiar a un internado (pagado por el gobierno, claro está) para formarte como profesor, no haces mas que acatar la orden y emprender la marcha; así fue como ingresé a la Escuela Normal Rural federal “Enrique Rodríguez Cano” de Perote, Ver., donde cursé los tres grados de secundaria y pasé automáticamente al nivel profesional para que, en 1968 _año Tlatelolco- me recibiera como Profesor de Educación Básica.
Estudié porque tenía que estudiar, y me formé como profesor porque, de lo contrario, no hubiera estudiado otra carrera, ya que las condiciones paupérrimas de mi hogar no me lo iban a permitir, mas nunca me puse a pensar si en realidad quería ser un docente.
Trabajé 21 años en escuelas primarias. Recuerdo que cuando llegué a laborar al primer plantel de organización completa, al presentarme ante el director, textualmente me dijo: “Escuche bien joven, yo soy profesor y trato de cumplir lo mejor que puedo con mi quehacer, si fuera bolero, los zapatos que yo lustrara serían los más brillantes, si fuera campesino las mazorcas que cosechara serían las más grandes, y si fuera carpintero mis muebles serían los más bonitos; esa es mi filosofía y espero que usted traiga la misma mentalidad” Sus palabras me impactaron y me ubicaron en la realidad, a partir de allí, no sólo me enamoré de mi profesión sino que además le fui encontrando sentido a la vida.
Trabajé en Escuelas secundarias, preparatorias, en INEA, CONAFE, UPN, ICEST, Normal Veracruzana y, en 1984, ingresé con tiempo completo en el CBTis 67, de Misantla, Ver., donde hasta la fecha me desempeño.
La convivencia con niños, adultos y jóvenes, me han brindado múltiples aprendizajes y enormes satisfacciones. Ahora, a la distancia, puedo afirmar categóricamente que estuve y estoy en el sitio correcto, llegué circunstancialmente y me quedé por convicción.
Trabajar con jóvenes es una experiencia fabulosa, la constante comunicación con ellos y la convivencia armoniosa hacen que te conserves siempre joven; no obstante, estoy consciente del gran compromiso que se ha contraído con ellos y que te exige preparación y dedicación para orientarlos a encontrar sus propias verdades, para encaminarlos sin atavismos ni prejuicios, para inducirlos a integrarse de manera positiva a la sociedad y para despertar en ellos la creatividad y la crítica constructiva :, quien diga que esto es una misión fácil creo que estaría mintiendo, ya que se requiere de una constante actualización, no sólo desde el punto de vista pedagógico, sino integral, puesto que las exigencias del presente nos rebasa cada vez más con sus demandas y necesidades.
Por lo anterior expuesto, no obstante las satisfacciones obtenidas y las buenas intenciones en mi desempeño docente , reconozco que no he logrado plenamente la misión, cuando creo dominar ciertos aspectos del proceso enseñanza aprendizaje, se muestran nuevas conductas en los alumnos, brotan otros distractores, aparecen más inventos y/o descubrimientos, surgen nuevas corrientes pedagógicas, se demandan más satisfactores para otras necesidades, y, siento que el tiempo a veces no me alcanza, pero esa es la vida y así es cualquier trabajo, lo importante es estar consciente de los aciertos y los errores y no aflojar el paso hasta el último minuto.
Gracias por darme la oportunidad de retrotraerme en mi vida académica y profesional.
Cuando se tiene once años de edad y vives en una comunidad rural donde no existe mayor visión que el trabajo del campo, y tu padre te dice que te vas a ir a estudiar a un internado (pagado por el gobierno, claro está) para formarte como profesor, no haces mas que acatar la orden y emprender la marcha; así fue como ingresé a la Escuela Normal Rural federal “Enrique Rodríguez Cano” de Perote, Ver., donde cursé los tres grados de secundaria y pasé automáticamente al nivel profesional para que, en 1968 _año Tlatelolco- me recibiera como Profesor de Educación Básica.
Estudié porque tenía que estudiar, y me formé como profesor porque, de lo contrario, no hubiera estudiado otra carrera, ya que las condiciones paupérrimas de mi hogar no me lo iban a permitir, mas nunca me puse a pensar si en realidad quería ser un docente.
Trabajé 21 años en escuelas primarias. Recuerdo que cuando llegué a laborar al primer plantel de organización completa, al presentarme ante el director, textualmente me dijo: “Escuche bien joven, yo soy profesor y trato de cumplir lo mejor que puedo con mi quehacer, si fuera bolero, los zapatos que yo lustrara serían los más brillantes, si fuera campesino las mazorcas que cosechara serían las más grandes, y si fuera carpintero mis muebles serían los más bonitos; esa es mi filosofía y espero que usted traiga la misma mentalidad” Sus palabras me impactaron y me ubicaron en la realidad, a partir de allí, no sólo me enamoré de mi profesión sino que además le fui encontrando sentido a la vida.
Trabajé en Escuelas secundarias, preparatorias, en INEA, CONAFE, UPN, ICEST, Normal Veracruzana y, en 1984, ingresé con tiempo completo en el CBTis 67, de Misantla, Ver., donde hasta la fecha me desempeño.
La convivencia con niños, adultos y jóvenes, me han brindado múltiples aprendizajes y enormes satisfacciones. Ahora, a la distancia, puedo afirmar categóricamente que estuve y estoy en el sitio correcto, llegué circunstancialmente y me quedé por convicción.
Trabajar con jóvenes es una experiencia fabulosa, la constante comunicación con ellos y la convivencia armoniosa hacen que te conserves siempre joven; no obstante, estoy consciente del gran compromiso que se ha contraído con ellos y que te exige preparación y dedicación para orientarlos a encontrar sus propias verdades, para encaminarlos sin atavismos ni prejuicios, para inducirlos a integrarse de manera positiva a la sociedad y para despertar en ellos la creatividad y la crítica constructiva :, quien diga que esto es una misión fácil creo que estaría mintiendo, ya que se requiere de una constante actualización, no sólo desde el punto de vista pedagógico, sino integral, puesto que las exigencias del presente nos rebasa cada vez más con sus demandas y necesidades.
Por lo anterior expuesto, no obstante las satisfacciones obtenidas y las buenas intenciones en mi desempeño docente , reconozco que no he logrado plenamente la misión, cuando creo dominar ciertos aspectos del proceso enseñanza aprendizaje, se muestran nuevas conductas en los alumnos, brotan otros distractores, aparecen más inventos y/o descubrimientos, surgen nuevas corrientes pedagógicas, se demandan más satisfactores para otras necesidades, y, siento que el tiempo a veces no me alcanza, pero esa es la vida y así es cualquier trabajo, lo importante es estar consciente de los aciertos y los errores y no aflojar el paso hasta el último minuto.
Gracias por darme la oportunidad de retrotraerme en mi vida académica y profesional.